
A veces deseamos algo con todo nuestro ser.
No solo porque lo queremos…
sino porque creemos que es la única salida.
Una relación que nos devuelva la alegría.
Un trabajo que lo cambie todo.
Una oportunidad que parece la única tabla de salvación.
Y sí, tener un sueño es importante.
Nos da dirección.
Nos da sentido.
Pero, ¿qué pasa cuando ese deseo no depende de ti?
Cuando el sueño está en manos de otro
Una clienta vino hace poco con esta situación:
había salido de una relación muy dura, de maltrato, y estaba reconstruyendo su vida desde cero.
Con deudas que no eran suyas. Cambiando de trabajo. Sobreviviendo.
De pronto, apareció una posibilidad luminosa:
una escuela de cocina que representaba su pasión y un futuro económico estable: «Si consigo entrar a esa escuela de cocina, todo cambiará. Podré ganar dinero, reconstruir mi vida, recuperar mi autoestima. Pero para poder entrar necesito que mi exmarido me devuelva un dinero… y no sé si lo hará.»
Su sueño quedaba en manos de su exmarido —el mismo que tanto daño le había hecho—
Él dijo que sí… pero no ahora.
dentro de un mes.
Incertidumbre, ¿lo hará de verdad?
Una trampa emocional
Después de todo lo que había vivido, ahora tenía una oportunidad: una escuela que representaba su sueño, una autentica oportunidad para florecer de nuevo. Una posible solución a todo… pero el dinero para entrar dependía de su exmarido.
Alguien que le había hecho daño, que no era confiable, y con quien hablar la desestabilizaba por completo.
Volvieron los ataques de ansiedad que ya habíamos calmado en sesiones anteriores. Toda su energía emocional estaba volcada en que eso ocurriera.
Porque creía que esa era su única salida.
Y es que tiene todo el sentido que, cuando eso que anhelamos no depende de nosotras, la ansiedad se instale en esa espera, en esa incertidumbre.
Nos aferramos a eso que vemos como la única salida, creemos que si no ocurre, no hay otra posibilidad, y nos perdemos a nosotras mismas en esa espera desconectándonos de lo que si que podemos hacer, de lo que sí depende de nosotras.
Volver al cuerpo, volver a ti
Ese día hicimos un cambio de estado.
Nada mágico. Nada externo.
Solo respirar, sentir el suelo bajo los pies, volver al cuerpo.
Desde esa calma, su mirada cambió.
Y dijo:
«Voy a aceptar el trabajo que me han ofrecido. Aunque esté lejos. Empezaré a ganar dinero por mí misma. Ya veremos lo de la escuela.»
Ahí, sin perder su sueño, recuperó su poder.
El poder de elegir lo que sí depende de ella.
De soltar la espera ansiosa.
De avanzar paso a paso, sin regalarle su fuerza a quien ya se la arrebató tantas veces.
Gestionar la incertidumbre
Cuando vuelves a ti, se abren otras puertas
Volver al cuerpo. Respirar.
Estar presente en lo que hay, sin negar el deseo pero sin quedarte atrapada en él.
Ese es el primer paso para salir del túnel de la ansiedad.
Y abrirte a nuevas vías, nuevas posibilidades.
Quizá tu sueño siga vivo.
Quizá llegue por otra vía, en otro momento.
O quizá no, y descubras que había otras formas de florecer.
Porque tu bienestar no puede depender de alguien que no te lo supo cuidar.
Y tu poder no está en forzar lo que no puedes controlar,
sino en sostenerte con amor, y avanzar, paso a paso, por lo que sí está en tus manos.
¿Estás en una situación así? ¿sientes ansiedad por algo que no depende de ti?
Te acompaño a volver a ti.
A recuperar la calma.
A sostener lo incierto sin que te arrastre y a avanzar hacia lo que sí depende de ti.
Puedes escribirme y exploraremos tu caso juntas.
Tu vida no está definida por lo que otros hagan.
Está hecha de cada decisión que tomas cuando vuelves a ti.